LA EXPLORACION MINERA Y EL RETO DE LAS RELACIONES CON LAS COMUNIDADES

Ian Thomson, Vice Presidente, Técnico y Medio Ambiente,

Orvana Minerals Corp., Vancouver

Susan A. Joyce, Consultora, Aspectos Sociales del Desarrollo de Recursos,

La Paz, Bolivia

Introducción

La decisión de desarrollar una mina, y las consecuencias sociales, socio-económicas y ambientales que conlleva ésta decisión, se efectua a medio camino de un proceso que nace con la exploración minera y que continúúa hasta que la mina cierrra. En los pasados añños, han ocurrido cambios significativos en la estructura de ambos la industria minera, y el ambiente socio-políítico en el cual dicha industria se ha introducido, particularmente en América Latina. Debido a estos cambios, el punto de contacto y de posible conflicto entre las comunidades y los intereses mineros sobre temas sociales, socio-económicos y ambientales, ha sido llevado de la fase de explotación minera a la fase de exploración. En opinion de los autores la industria, en su conjunto, estáá mal preparada para manejar ésta realidad.

Durante los últimos ocho años, la industria minera Norte Americana a redirigido sus actividades hacia el exterior buscando nuevas y aparentemente crecientes oportunidades. La caída de la Bolsa de Valores en 1987 y la subsequente recesión finalizó con un cíclo de exploración y desarrollo minero en América del Norte. Durante este cíclo la industria llegó a estar frustrada por retiros/expropiación de tierras en Canada y los Estados Unidos de N.A., los costos crecientes, la complejidad e inseguridad de los procesos para obtener permisos ambientales, y la aparente dificultad de encontrar nuevas minas en un área del mundo muy bien explorada. Consequentemente, compañías mineras Mayores (exploración & minería integrados) y Juniors (exploración solamente) comenzaron a mirar seriamente hacia el exterior, al comienzo en paises conocidos como Chile y Méjico y luego hacia nuevas oportunidades; una de las primeras fue en Venezuela.

La industria minera encontró que las reglas estaban cambiando, no solo en América Latina sino alrededor del mundo, debido a que en país tras país se liberaron la inversión extranjera y tenencia de tierras, se replantearon los códigos mineros, y se abrieron las fronteras al desarrollo de minerales con la intención de fortalecer la economía nacional. Para las compañías, esto ha sido, y es, una oportunidad sin precedentes para explorar en áreas que por años eran inaccesibles y con frecuencia nunca antes trabajadas usando tecnología de exploración moderna o jamás consideradas en términos de métodos modernos de minería. Las nuevas fronteras estaban, y aún están, abriendose y ofreciendo un panorama de oportunidades sin restricción donde el explorador veloz y hábil ubica y desarrolla riquezas nuevas y espectaculares.

Un mercado en la mira de las compañías mineras canadienses se abrío en 1991, durando hasta el debacle de Bre-X a principios de 1997. Durante ésta época se recolectaron varios miles de millones de dolares para solventar la exploración internacional de mineral y los "ventures"" de minería, más de la mitad de éste monto fue destinado a proyectos en América Latina. Durante el proceso los Juniors, compañías capitalistas de alto riesgo (high risk venture capital companies) se convirtieron en la fuerza dominante de exploración minera por toda Latino América y alrededor del mundo. Para 1994 el goteo de compañías expandiendose al exterior en 1991 era ya un afluente, y gran número de profesionales en la industria minera se encontraron trabajando internacionalmente por primera vez.

Durante este mismo lapso la sensitividad hacia temas específicos de medio ambiente y desarrollo social ha incrementado significativamente, en todos los niveles, el local y el internacional, y existe un crecimiento constante en la concepción de los "derechos" de pobladores locales. En 1987, la Comisión Mundial de Economía y Medio Ambiente también conocida como la comisión Brundtland, publicó su reporte final "Nuestro Futuro Común", un documento seminal que dió origen a un endorso general al concepto de "sustentación" en cuanto a el medio ambiente y el desarrollo humano. Esto, por su cuenta generó un debate crítico, el cual continúa hoy en día, sobre las consequencias de ambos los proyectos de desarrollo industrial y la protección del medio ambiente sobre comunidades que viven y explotan una misma área. Desde 1989 hasta el presente, organizaciones internacionales como las Naciones Unidas (ONU) y el Banco Mundial han respondido con iniciativas que tienen la intención de amortizar el impacto de fuerzas externas sobre poblaciones locales, tradicionales e indígenas. Los gobiernos centrales en diversos países Latino Amercanos, por ejemplo Bolivia, han endosado formalmente por lo menos algunas de éstas iniciativas y así han validado el concepto general de "derechos" en las mentes de poblaciones locales y grupos de apoyo.

El resultado neto ha sido que ha ido creciendo constantemente la confianza de la parte de muchas comunidades en cuanto a su autodeterminación, pueden ejercitar control sobre el tiempo, la dirección y el proceso de desarrollo social, político y económico mediante el uso pleno de sus derechos, reales o percibidos. Para una compañía minera esto significa que hay comunidades que quieren questionar, administrar, o retar a la presencia de una compañía desde la primera aparición del personal en su área. Como consequencia, la necesidad de tratar los impactos sociales del desarrollo minero está siendo encaminada hacia la fase de exploración.

LA EXPLORACIÓN MINERA Y LA COMUNIDAD

Para la industria minera, la exploración es una actividad costosa, de alto riesgo, y potencialmente bastante recompensativa. Requiere de oportunidades para conducir estudios sobre vastos tramos de tierra y de visitar, examinar, y evaluar un sinnúmero de ocurrenicas minerales en la búsqueda de escasos depósitos que sean económicamente viables. La exploración es una actividad dispersa y transitoria caracterizada por incertidumbre y ambiguedad: una situación problemática desde el punto de vista de las relaciones entre compañía y comunidad. Esto esta en un contraste bien marcado con aquella minería que se lleva acabo en lugares fijos y durante largos periodos de tiempo. Donde existe una mina los temas entre compañía y comunidad se pueden enfocar alrededor de las realidades relativamente estables de un "venture" comercial productivo.

Las dinámicas de relaciones entre compañía y comunidad en la fase de exploración son manejadas por algunas características singulares; la más notable es que no hay certeza que un solo proyecto de exploración llegue a ser una mina. Experiencia en la industria nos muestra que menos de uno en cien muestreos minerales valen la pena ser evaluados, mientras que dificilmente uno de diez programas avanzados de exploración pasan a factibilidad; y tampoco hay certeza sobre cual compañía a fín de cuentas operará un proyecto. Una empresa Junior pueda que negocie la propiedad con una Major para el desarrollo de una mina, o puede pasar entre las manos de varios Juniors y/o Majors antes que se encuentren las circunstancias correctas para el desarrollo de la mina. Además, típicamente los proyectos de exploración proceden episódicamente, con periodos de actividad intensa (perforaciones, etc.) separados por periodos en que hay poca o ninguna actividad sobre la propiedad. Frecuentemente el proceso es alargado y no es raro que pasen varios años entre la identificación del potencial económico de un depósito mineral y la decisión de trabajar la mina.

En nuestro punto de vista, hay dos factores claves que estructuran la relación entre comunidades y compañías mineras, y que tienen un impacto considerable sobre como se perciben las actividades de exploración. Estos son primeramente, la distancia cultural entre la práctica moderna de negocios en países desarrollados como lo representan las actividades de exploración, y comunidades tradicionales, indígenas u otras, que pueden ser aisladas y son aveces solo marginalmente integradas a su propia nación. Segundo, y evolucionando del primero, la extrema diferencia de poder que existe inherentemente en cualquier contacto entre dos grupos de ésta índole.

La comunidad local típicamente observa las actividades de exploración aisladamente, con poco conocimiento de la visión grande dentro de la industria de minerales, y es por lo tanto insegura y con frequencia temerosa sobre lo que implican las actividades de exploración. Por lo general la comunidad no comprende la naturaleza de alto riesgo que tiene la exploración de mineral ni el tiempo que se requiere para demostrar la viabilidad económica de un depósito. Las comunidades con frecuencia asumen que una compañía solo invertiría las sumas considerables de dinero y el tiempo que se requiere para la exploración avanzada, si ésta tiene la seguridad que se va a desarrollar una mina rentable. Esto resulta en expectations y temores perfectamente justificables de la parte de la comunidad, pero que no necesariamente corresponden ni a la realidad en cuanto al desarrollo de una mina, ni a lo que les manifiesta la empresa de exploración, si es que esta manifiesta siquiera/aunque sea algo.

Para la comunidad, una compañia Junior y una Mayor son indistinguibles y aparentan ser iqual de ricas, poderosas (en acorde con interéses particulares revestidos, ya sean económicos o políticos), y posiblemente amenazantes. Típicamente, la comunidad teme ser marginada, e intensamente desea información sobre lo que está ocurriendo. Miran primero a la compañía para que provea respuestas a preguntas. En la ausencia de información directa, o cuando existen concepciones erróneas sobre la actividad de exploración, los rumores infundados o información incorrecta pueden ganar credibilidad. La comunidad puede volverse cada vez más temerosa y llegar a creer en el peor escenario posible. Esta situación de temor y desconfianza que surge por la falta de comunicación de parte de la empresa de exploración, o falta del desarrollo de comprensión entre la compañía y la comunidad, deja las puertas abiertas para que grupos interesados grupos de interés se involucren, y puede impedir severamente esfuerzos posteriores para dialogar o negociar.

La respuesta de una comunidad hacia lo que aparentan ser poderosos interéses mineros está condicionada por experiencias previas y por el grado en el que se sienten amenazados por lo que ellos creen ser los impactos de futuras actividades mineras. En un área sin historia minera, la comunidad puede ser relativamente inocente y pasiva hacia las actividades de exploración que se sucitan alrededor de ellos, creeyendo que algo bueno puede originarse por medio de oportunidades de trabajo o desarrollo asociado. Sin embargo, hoy en día es más común observar un alto grado de sensitividad hacia lo que la comunidad ve como un asalto a sus tierras o modo de vida, a lo cual pueden responder agresivamente. La respuesta en comunidades con una historia minera puede ser igualmente diversa. Algunos pueden dar bienvenida a la exploración como un heraldo de regreso a la riqueza, otros pueden ser hostíles a la presencia de intereses extranjeros u oponerse al regreso de destrucción social y del medio ambiente presenciado durante actividades mineras previas. Donde la minería artesanal de pequeña escala esta bien integrada con la economía local, puede existir un temor general de que será desplazada por la minería moderna, destruyendo así la forma tradicional de ganarse la vida y el modo de vida de la comunidad. Sin un conocimiento sobre la comunidad, sus esperanzas y temores, tradiciones y normas sociales, la empresa de exploración puede inintencionalmente provocar un conflicto, con consequencias negativas para ambas partes.

La Cultura de la Exploración Minera

Desafortunadamente, la cultura de la exploración minera no impulsa a buenas relaciones con la comunidad. Para el personal de exploración el tema primordial es el acceso a las tierras, mientras que para las comunidades es la protección de su base de recursos tradicional. Los códigos mineros en la mayoría de países Latino Americanos otorgan el derecho de explorar, y este derecho se toma con frecuencia como una licencia incondicional para que las empresas vayan a donde quieran y hagan lo que se les antoje. Aunque muchas veces existe legislación adicional requiriendo que los exploradores reconozcan los derechos legales de las personas que ocupan la tierra, puede haber una diferencia significativa entre las costumbres locales hacia el uso y acceso a la tierra, y los derechos formales sobre tierras. En comunidades bastante tradicionales y aisladas, las leyes nacionales pueden ser poco comprendidas y tener muy poca influencia sobre la manera en que las personas viven y administran sus recursos, dejando así un espacio amplio para ofender a las costumbres locales. Desde el punto de vista de la comunidad la cultura de exploración puede ser arrogante, insensitiva y bastante amenazante.

La exploración minera hoy en día es altamente competitiva, costosa y, hasta las étapas posteriores de un proyecto, secreta. La industria respeta las habilidades técnicas, comerciales y la agresión: el éxito es medido por el grado de descubrimiento. La ventaja competitiva es frecuentemente saber donde se ubica una buena propiedad minera, o tener los controles geológicos para cierto tipo de ocurrencia mineral. Hay una presión tremenda a ser rentables. Se dispone de los fondos para trabajo suficiente para ubicar o avanzar a propiedades de mérito y ver si tienen el potencial para convertirse económicamente en un recurso minero. La habilidad de hacer buenas decisiones comerciales sobre el valor de un depósito minero, basandose en la información técnica disponible y en la experiencia, se considera esecial. Hay una creencia general que la exploración es una actividad de "impacto leve" mientras que la minería es la fase de "impacto fuerte" donde la comunidad y el medio ambiente se vuelven "temas latentes y específicos". Sin embargo relaciones dañadas con comunidades locales debido a ofensas no intencionales, o a la falta de tratar los temores o expectativas de la comunidad durante la fase de exploración, pueden tener un impacto serio sobre ambos el costo y el tiempo para poner una mina en operación.

Un número de características de las compañías Junior comprometen aún más a la posibilidad de tener buenas relaciones comunitarias: en particular el hecho que su presencia en un proyecto es normalmente considerada trasitoria sin interéses revestidos a largo plazo en los posibles impactos. No consideran necesariamente a la comunidad como "accionistas" en el desarrollo del proyecto de exploración. Típicamente hay una atención superficial o apreciación hacia preocupaciones locales: con frecuencia la relación se limita a proporcionar empleo temporal a las personas locales. Es más, los Juniors se basan en resultados, estan fuertemente orientados hacia los mercados de "venture capital" y por consiguiente se enfocan en los aspectos técnicos de un proyecto. Las relaciones con la comunidad son, en el mejor de los casos, de consideración secundaria.

Dada la inseguridad de éxito, hay poco interés interno para que la compañía desarrolle relaciones con la comunidad hasta que un proyecto esté en una etapa avanzada. Aún más, como la educación del personal de exploración se basa en las ciencias y los negocios, conocimiento de materias sociales y socio-económicas es limitado y las habilidades necesarias para relaciones inter-culturales no están normalmente presentes. En la actualidad, la actitud prevaleciente entre los grupos de exploración parece ser de evitar o limitar la interacción con comunidades locales en base a lo "necesario" si no hay una razón imperativa para hacer algo más. En contraste, estas mismas compañías con frecuencia demuestran un nivel alto de interés y responsabilidad hacia las prácticas de control ambiental, las cuales son actividades científicas concretas. Esto es una reflección de la capacitación científica que tiene mucho personal de exploración, y del compromiso hacia el medio ambiente que ha sido inculcado en una nueva generación de profesionales de la industria minera.

En cuanto a los temas de interés social que son menos tangibles, existe una confianza generalizada entre los Juniors y, desafortunadamente, algunos de los Mayores, que simplemente siguiendo el código legal, el código minero y las normas de control ambiental de un país, la compañía a inherentemente también cumplido con todas las obligaciones hacia la comunidad local. Casi todos los países en America Latina en los últimos diez años han instalado legislación que específicamente incentiva la exploración minera y el desarrollo de minas. Para la mayoría de grupos de exploración, dicha legislación lleva un entendimiento tácito que el Estado regulará sus relaciones con las comunidades locales y mantendrá la ley y el orden hasta que se pruebe la existencia de una mina. Esto es asumible en paises del primer mundo lo que no es necesariamente válido en países en vías de desarrollo.

Presiones Socio-políticas

Las empresas de exploración minera que se ubicaron en América Latina durante los últimos años han importado actitudes del primer mundo, como cultura y prácticas comerciales. Es allí, que se han encontrado con un movimiento surgente que promueve los derechos indígenas y de personal locales, al igual que con el activismo internacional en defensa del medio ambiente que se opone al desarrollo de operaciones mineras modernas. En muchos lugares existe una alianza por conveniencia entre estos grupos de interés que utiliza argumentos sociales y ecológicos para desarrollar oposición local, y también para ganarse el apoyo del público en países desarrollados.

Las presiones socio-políticas sobre la exploración minera y la minería van a incrementar. Un punto de cambio ocurrió en 1989 cuando la Organización Internacional de Trabajadores de las Naciones Unidas (ONU) formuló el Convenio Internacional 169 "Concerniente a Poblaciones Indígenas y Tríbus en Países Independientes" el cual es un endorso fuerte, de amplia cobertura y bastante de los derechos de poblaciones indígenas de controlar sus vidas, territorios, y procesos de desarrollo. Con ésta resolución, los derechos de poblaciones indígenas y tradiconales llegó a la agenda de países en toda Latino América. Un eslabón que se origina en las bases sociales de grupos indígenas y tradiconales mantiene vivo al tema de derechos, apoyado en muchos lugares por grupos de interés internacionales. De relevancia particular a la industria minera es el hecho que, aunque el Convenio reconoce que los recursos minerales pueden ser de propiedad del Estado, declara, inter alia, que deberá consultarse con las comunidades previa autorización de cualquier exploración o explotación de recursos minerales. Además, las comunidades deben beneficiarse de estas actividades, y también recibir indemnización por posibles daños que resulten de las mismas.

La Comisión de Derechos Humanos de la ONU, que es el forum central para estas discusiones, está desarrollando un formato de trabajo dentro del cual se proporcionará a grupos indígenas de un "espacio" para que puedan participar en el proceso de toma de decisión. Con respecto a la minería, la ONU está promocionando los conceptos de 1)consentimiento libre e informado, 2) participación en los beneficios de desarrollo, 3) compensación y 4) la mitigación de efectos adversos. La industria minera puede esperar que las comunidades locales estarán muy bien informadas de éstos principios debido a los esfuerzos de organizaciones no-gubernamentales (ONG) y grupos religiosos. Los punto uno, tres y cuatro son de consequencia en la etapa de exploración.

Igualmente desde las masas se están formando presiones socio-políticas, que no están reflejadas en los cambios formales de la estructura que atrae a compañías mineras hacia Amércia Latina. Es importante que la industria de exploración reconozca que en los países en vías de desarrollo, las realidades locales no corresponden necesariamente a las estructuras de nivel nacional y a los marcos legales. Esto es particularmente cierto en países con substanciales poblaciones indígenas y/o de tradición rural como es el caso de los países andinos de América Latina. Aquí el gobierno central puede verse como una presencia negativa o represiva, y no como una presencia positiva, como se asume frecuentemente. En lugar del gobierno central, existen estructuras organizacionales quasi estables, ya sean estructuras sociales tradicionales o políticas/ u organizacionales, que sirven para proteger los interéses de personas locales. Para tales comunidades la base referencial no es típicamente el Estado sino agrupamientos locales o regionales tal como identidades culturales tradicionales o grupos específicos de interés (sindicatos campesinos, sindicatos mineros, organizaciones indígenas regionales o nacionales).

La histórica pobreza y en ocasiones represión de comunidades rurales en Latino América ha dado un rol importante y un alto grado de influencia a numerosas organizaciones intermediarias, como son las ONGs, grupos religiosos y recientemente las organizaciones internacionales ecológicas e indígenas. Dichas organizaciones apoyan los derchos de comunidades y les proporcionan información, aveces selecta, sobre tratados internacionales, estandars, y sistemas interconectados, aunque dichos tratados hayan sido o no ratificados por el Estado. Las actividades de estas organizaciones muchas veces son parte de luchas políticos mayores, con agendas que no siempre corresponden a las prioridades de las comunidades locales.

Las empresas de exploración deben, por lo expuesto, darse cuenta que no pueden confiar a que el gobierno informe a las comunidades sobre prácticas de desarrollo de recursos ni garantizar su aceptación, y tampoco deberán esperar que el gobierno refuerce la ley en manera de resolver conflictos. Aún más, las compañías deben de asumir directamente a la comunidad y negociar con la situación local como existe. Tienen que estar preparados para resolver o, aún mejor, ser proactivos por sí mismos en evitar conflictos.

Dada la relación que existe hoy en día entre los gobiernos nacionales sedientos por capital y las instituciones internacionales sensitivas a la opinión pública como son la ONU y el Banco Mundial, existe la posibilidad que una solución legislativa será desarrollada para resolver problemas percibidos en la relación entre la exploración minera y comunidades. Esto no deberá ser tomado por la industria como una vía de acción satisfactoria. La diversidad de comunidades y el entorno de relaciones positivas compañía-comunidad que pueden desarrollarse significan que se debe mantener la flexibilidad para el beneficio de todos los jugadores. Esto requiere que la industria tome un rol de liderazgo y pro-activo en el desarrollo de relaciones sociales entre las comunidades y compañías. La creación de modelos positivos de relaciones entre comunidad y compañía que mejoren los posibles futuros beneficios para ambas partes pavimentarán el camino para dinámicas más constructivas y menos confrontacionales, especialmente mientras y cuando estos modelos se conozcan por medio de las crecientes comunicaciones electrónicas y el sistema de redes inconectadas globales al alcance de comunidades.

Una Nueva Cultura para la Exploración Minera

La industria minera deberá moverse ágilmente para cambiar la cultura de exploración minera si quiere seguir trabajando en algunas de las áreas más prometedoras de América del Sur. El no hacerlo resultará en más proyectos frustrados o completamente paralizados, y tiene implicaciones en cuanto a la percepción pública de la industria en su conjunto. Hay una verdadera falta de experiencia colectiva y una escases absoluta de personas dentro de la industria de exploración que tomen este reto, pero si los cambios no ocurren desde adentro, habrá legislación impuesta que obligue a las compañías a seguir ciertos procedimientos.

El sector exploración podría aprender mucho del sector operacional de la industria. Durante los pasados diez años los operadores de mina han desarrollado estrategias, polizas y el concepto de las mejores prácticas en sus relaciones con comunidades en respuesta a presiones sociales y políticas y a la introducción de legislación. La Declaración de Impacto Ecológico y el proceso de Estudio del Impacto Ecológico ahora sirven para modular la relación entre mina y comunidad. Sin embargo, las compañías responsables aprecian a éstos como requisito mínimos y que trabar con estandars más altos es necesario para asegurar el verdadero éxito.

Es esencial para el avance exitoso de una propiedad minera desde la exploración hasta la operación de mina que la compañía tenga una relación positiva con la comunidad y que entregue el proyecto al operador de la mina en un "buen estado" social, socio-económico y de control ambiental. Construir una buena relación entre compañía y comunidad durante la etapa de exploración requiere de cuidado, paciencia y compromiso a nivel de la corporación. La relación estará sujeta a cambio constante mientras que un proyecto avance o caiga en su encuentro con los objetivos corporativos. Mientras que un proyecto avanza los riesgos se incrementan suben en ambas partes – una realidad que debe ser confrontada y administrada. Establecer dialogo es absolutamente crítico. Ambas partes deben estar preparadas a escuchar; particularmente la empresa. La habilidad de comunicar dentro de un contexto de incertidumbre requiere del desarrollo de una relación de confianza entre la compañía y la comunidad; lo que se requiere para obtener esta confianza dependerá de las realidades locales. Sensitividad hacia las costumbres locales es importante y un diálogo abierto sobre las esperanzas y los temores de la gente es esencial. Se debería desarrollar un tipo de programa de relaciones comunitarias basandose en un intercambio abierto de información en el cual se tome bastante cuidado de trabajar con autoridades reconocidas por la localidad, y de evitar hacer promesas falsas o de crear falsas expectativas para ambas partes.

Sobre todo, la exploración debe respetar a la comunidad local y a sus derechos, reales o percibidos. Las esperanzas y temores de la comunidad y la manera de ver al mundo deberán ser escuchadas con la mente abierta, y no por medio de los filtros culturales de los sitstemas de valores y/o categorías predeterminadas de los países desarrollados. Solamente aceptando enteramente a la manera de pensar de la comunidad, lo que ella valoriza, y que tipo de futuro sus integrantes quieren ver desarrollarse para ellos mismos, puede una compañía esperar a desarrollar, con ellos, un proyecto que avance los interéses de ambas partes. Unicamente esto mantendrá al debate enfocado en los impactos reales, beneficios, y riesgos, y discutido entre ambas partes involucradas. Por medio de este único ajuste de actitud y comportamiento, la diferencia de poder entre compañía y comunidad, que es la fuente suprema de la mayoría de situaciones conflictivas, podrá ser considerablemente alejada.

Es bastante irreal el pensar que los cambios en la cultura de un sector entero de la industria será dirigido solamente por consideraciones morales y éticas. Se requiere de un estímulo económico para que el riesgo y la recompensa, las fuerzas primarias en el desarrollo de recursos, se mantengan balanceadas. Un simple deseo de mantenerse en el negocio será suficiente para algunos, pero podría haber una fuerza más persuasiva. Sugerimos que colocando y manteniendo un proyecto en "buen estado" social y socio-económico se puede considerar como "valor agregado" de la misma manera en que la exploración define el grado y tonelaje de un depósito minero se considera como agregar valor a una propiedad. La alternativa, una relación problemática y conflictiva con la comunidad que puede deteriorarse hasta el punto en que amenaza la viabilidad de un proyecto, es claramente de valor negativo ya que se requerirá una inversión considerable para mitigar o recuperar la situación. En este contexto, habilidad para manejar constantemente la relación evolutiva entre compañía y comunidad durante la fase de exploración viene a ser una nueva ventaja competitiva.

Existe el potencial de liderazgo por parte de las compañías de operación que reconozcan el valor agregado ofrecido por proyectos que llegan a ellas en un "buen estado" social. Un estudio conciente de la situación socio-económica rodeando a un proyecto deberá ser parte del estudio de revisión/verificación y de la valorización conducidos cuando se da en opción a una propiedad o cuando se la compra. El pago de un precio bonificado por la entrega de proyectos mantenidos en un "buen estado" desde la exploración ayudaría a provocar la aceptación de nuevos estandars para los métodos industriales. Esto será más y más cierto mientras los temas sociales sobre los derechos de las comunidades descritas previamente se convierta en una verdad públicamente aceptada, como ha ocurrido con los temas ambientales durante las dos décadas pasadas.

Habrán aquellos que piensan que dichos cambios incrementarán los costos innecesariamente. Que el esfuerzo es mal gastado, un peso para la industria, que solo deberá ser un requisito cuando un proyecto muestre fuertes señas de ser potencialmente viable. Nosotros argumentaríamos que la relciones entre compañía y comunidad comienzan el día en que un geólogo llega al terreno: la primera impresión es duradera. Las opiniones y actitudes pueden enraizarse profundamente con rapidez; y la posible existencia de una situación polarizada mucho antes que la compañía considere a un proyecto capaz de llegar a ser una mina.

Desarrollar y aplicar las habilidades para manejar las relaciones entre compañía y comunidad durante la fase de exploración es esencial. Ya son un costo comercial, pero hasta hoy han sido diferidos a la fase minera. Organizaciones de exploración necesitan hoy considerar el empleo de especialistas con capacitación pertinente para investigar, diseñar e implementar programas efectivos de relación comunitaria, y asegurar que habilidades lingüüisticas apropiadas esten a la mano para facilitar la comunicación. Debería haber apoyo a administradores de proyectos para enfocar en relaciones comunitarias, y los administradores deberán asumir la responsabilidad de implementación. Así como consultores geofísicos traen técnicas necesarias para optimizar el encuentro de una mina, la aptitud apropiada deberá ser implementada en un proyecto para asegurar que esté en un buen estado social. Las compañías que tengan éxito y prosperen hacia y en el próximo siglo habrán realizado esto y más.

Esta discusión ha usado a América Latina como un punto de referencia. Nuestra opinion es, sin embargo, que estamos presenciando un fenómeno con implicaciones mundiales. La minería moderna exitosa deberá empezar con los estandars más elevados de trabajo durante la fase de exploración. Es de sentido común y de buenas prácticas comerciales ser responsable ambientalmente y activamente concientes de la posición inherente a una compañía, dentro en vez de fuera de la comunidad, desde la etapa temprana de residencia temporal. Deberá haber una sutíl transición en las relaciones sociales mientras un proyecto pasa por la exploración y es posteriormente entregado a un grupo de operación para el desarrollo de una mina. El reto para todas las compañías mineras es de entender que temas sociales, socio-económicos y ambientales son relevantes para ellas en todas las etapas de actividad, y de actuar de acuerdo a ello.

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